Muchas veces rozamos sin querer con lo prohibido
Muchas veces el aroma dulcemente agrio y embriagador que lo
envuelve nos resulta lo suficientemente irresistible para dar un paso hacia
delante y balancearnos al borde del abismo
¿Es amor?, ¿o solo un encandilamiento?
Cuando descubrimos que se trata de un Montesco, o de alguien con quien
siquiera compartimos un alma… ¿es esa fuerza, la que rodea a lo prohibido, lo
que nos atrae?
Y es ahí donde una duda nos corroe
Y tantas veces nos advirtieron, desde niñas a que no
mordamos la manzana, por más tentadora y deliciosa que se vea o adolescentes,
cuando logramos entender a simple vista nomas, el verdadero significado de la
tragedia de Shakespeare
Pero, por más que nos adviertan los otros,
Por más que nuestra cordura siga rugiendo en nuestra mente
un “detente”
O incluso “el” nos
diga que no debemos acercarnos, que es peligroso, que nos hará daño…
Lo intentamos.
¿Es un instinto masoquista primitivo? ¿Alguna esperanza patológica?
A veces, es el mismo el que pone la restricción, lo que lo
hace inseguro, inestable y amenazante.
Un hombre emocionalmente inaccesible, un hombre peligroso.
Y aun así, en ese momento, frente a frente, si nos toca, si
nos mira, nos olvidamos completamente de que algo no anda bien.
Y puede que después la culpa y el arrepentimiento haga mella
en nosotras y nosotras, inevitablemente retomemos momentáneamente la parte
menos divertida del círculo vicioso.
Ni hablar la cantidad de hipótesis que sacamos a relucir
de nuestro repertorio del borrador de perfil que hicimos de él
¿Por qué es así? ¿Qué clase de problema tuvo anteriormente? ¿Por
qué no podemos amarnos y ya?
¿Es solo en la oscuridad y nada más donde somos el uno y el
otro?
¿Sólo así él puede ser él y no sufrir por eso?


