Conocemos el mito de la creación.
Sabemos la prueba que le fue requerida por Dios a Adán y
Eva, y esa, era la de renunciar al fruto del árbol prohibido.
Entonces para probar su fidelidad y obediencia, se les impuso la restricción. Y como no puede ser de
otra
manera, lo prohibido se vuelve tentador.
Hemos tratado en una columna anterior el concepto de amores
prohibidos, y la manera de reaccionar ante ellos, así como también, el efecto
toxico que nos hace tan adictos a él.
Hoy en día, no tenemos muy en claro el concepto de prohibición
y es que en la actualidad, hay más que arboles vedados.
Si bien no respondemos ante un Dios, al estar en una
relación hay ciertos mandamientos que
uno debe cumplir, y el principal que le da fuerza a la monogamia es precisamente
el concepto de Fidelidad.
¿Qué implica ser fieles en la actualidad?
Por supuesto que ahora no andamos medio desnudos por el
Jardín del Edén, pero todos los días nos cruzamos con tentaciones que harían
sucumbir a Eva de nuevo.
En cada pareja se pacta un contrato único y singular para esas dos personas y a veces incluso implica a otras (no hablar mal de, no estar con el amigo de, no hablar con determinadas personas…) Esos mandamientos que aprendimos a rajatabla desde el comienzo de la relación, donde el deseo y el amor estaban tan encadenados tiempo después pueden empezar a nublarse.
Y es que el límite entre el bien y el mal está poco
definido.
¿Cuántos delitos cometemos por
chatear juguetonamente con otra persona?
¿Nos resta puntos en nuestra futura
licencia de matrimonio?
Recuerdo la frase de Edward Cullen,
quien si bien había renunciado al pecado de tomar la sangre de Bella afirmaba
lo mas campante “Que haya renunciado a beber el vino no significa que no pueda
apreciar el buque”
Pues bien, para la biblia al menos,
hasta con el pensamiento es puede ser infiel.
Pero… ¿no es acaso con el fruto
prohibido mediante el cual adquirimos el conocimiento?
Según Génesis, una vez que probaron el fruto fue que
pudieron discernir entre el bien y el mal.
Entre lo que se debe y lo que no se
debe hacer.
Si para saber que está mal debemos
probarlo primero, nos tragaríamos con la manzana el miedo a disfrutarlo. Y puede
que en el peor de los casos, terminemos mordiéndola
y que su jugo tan censurable nos agrade incluso más.
Ante una prohibición, ¿Qué lo hace
atractivo?
"Bueno
para comer, y que era agradable a los ojos, y realmente un árbol codiciable
para alcanzar la sabiduría"
¿Lo consideramos atractivo sólo por qué
está restringido? ¿O sólo nos da curiosidad probar aquello para alcanzar una supuesta
sabiduría?
Entre el cielo y el infierno, ¿Cuál es
la decisión correcta?

