He oído infinidad de historias indefinidas. Historias que la
gente no define.
Hasta el mismo Facebook, para reflejar una situación
sentimental despliega un largo menú que va desde estar casado, en una relación,
comprometido, y los mas extraños e inentendibles de todos:
“en una relación abierta” – “es complicado”
Pues claro que es complicado, tanto, que es imposible de
definir.
La gente que tilda esa opción es la que suele decir “nos
estamos tomando un tiempo para ver que es lo que queremos” “aun podemos salir
con otras personas”
Pero… ¿qué clase de persona puede salir con otras personas,
cuando en su cabeza sólo aparecen escenas repetitivas de esos ojos, esa boca, y esas manos?
Al comenzar a conocer a alguien, a los primeros
acercamientos dentro de ese “limbo” entre el amor y la amistad, todo nos hace
estar pendientes de lo que el otro haga, y llevamos nuestro celular
prácticamente adherido a la piel a fin de poder contestar cualquier mensaje que
llegue de su parte.
Pero es en ese mismo momento, donde se empieza a gestar ese
enamoramiento/encandilamiento producto de la marea que nos producen sus ojos, donde
nos vamos arrimando más y más al precipicio.
Estamos al borde,
entre lo que empieza y lo que termina.
¿Podemos llamarle a eso, relación sin compromiso?
Si ya hemos comprometido nuestra integridad física al acercanos al abismo, si somos más que conscientes del riesgo que conlleva para nuestro corazón.
Si acaso pareciera que tuviéramos el
compromiso a no enamorarnos y algo que hemos aprendido de tanto caminar, es que
simplemente, no podemos obligarnos a no sentir.
Nos comprometemos a tener a nuestro Ello a raya, a que el Superyo o los mea culpa nos atormenten
sólo por las noches, y por sobre todas las cosas, prometemos mantener la boca
cerrada.
No hablar de amor, de ilusiones, de cuentos con finales
felices. Porque al fin y al cabo, estamos hablando de un final. ¿Existen a caso
los finales suspendidos en el tiempo?
¿Un stand by en la relación? Si siempre encontramos la lucecita
roja encendida, ¿cómo podemos hablar de oscuridad?
Prometemos no querer, prometemos querer.
Cuando se trata de promesas, ¿sabemos los límites de lo que estamos
prometiendo? ¿A quién se lo prometemos?
¿Podemos cumplir algo que se escapa de nuestro control? ¿Qué tan peligroso es dejarse llevar?

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