jueves, 9 de agosto de 2012

Prohibidos I


Muchas veces rozamos sin querer con lo prohibido
Muchas veces el aroma dulcemente agrio y embriagador que lo envuelve nos resulta lo suficientemente irresistible para dar un paso hacia delante y balancearnos al borde del abismo
¿Es amor?, ¿o solo un encandilamiento?


Cuando descubrimos que se trata de un Montesco, o de alguien con quien siquiera compartimos un alma… ¿es esa fuerza, la que rodea a lo prohibido, lo que nos atrae?

Y es ahí donde una duda nos corroe

¿Jugamos con fuego?

Y tantas veces nos advirtieron, desde niñas a que no mordamos la manzana, por más tentadora y deliciosa que se vea o adolescentes, cuando logramos entender a simple vista nomas, el verdadero significado de la tragedia de Shakespeare

Pero, por más que nos adviertan los otros,

Por más que nuestra cordura siga rugiendo en nuestra mente un “detente”

O incluso “el” nos diga que no debemos acercarnos, que es peligroso, que nos hará daño…

Lo intentamos.


¿Es un instinto masoquista primitivo? ¿Alguna esperanza patológica?

A veces, es el mismo el que pone la restricción, lo que lo hace inseguro, inestable y amenazante.
Un hombre emocionalmente inaccesible, un hombre peligroso.
Y aun así, en ese momento, frente a frente, si nos toca, si nos mira, nos olvidamos completamente de que algo no anda bien.

Y puede que después la culpa y el arrepentimiento haga mella en nosotras y nosotras, inevitablemente retomemos momentáneamente la parte menos divertida del círculo vicioso.

Ni hablar la cantidad de hipótesis que sacamos a relucir de nuestro repertorio del borrador de perfil que hicimos de él

¿Por qué es así? ¿Qué clase de problema tuvo anteriormente? ¿Por qué no podemos amarnos y ya?
¿Es solo en la oscuridad y nada más donde somos el uno y el otro?

¿Sólo así él puede ser él y no sufrir por eso?


No puedo evitar preguntarme, ¿Cuánta Luz es necesaria para tantas sombras?

domingo, 22 de julio de 2012

¿Por qué Yo?


Ya hemos hablado de los amores platónicos, artistas, profesores, actores o incluso personajes con los que soñamos, a veces dormidas y otras muchas despiertas.

También, de cómo se sobrevive a ese lapsus en los que nos damos cuenta de que no son tan idílicos y muchas veces incluso son personas normales, corrientes, y su pelo no luce siempre fantástico.
La columna de hoy radica entonces en otro tipo de relaciones, o mejor dicho otro tipo de persona en la que caemos enamoradas a veces sin darnos cuenta: El "popular"

"No me creerás, pero incluso antes de que me dijese su nombre, sentía como si ya supiese quien era: Yano Motoharu".

¿Por qué nos enamoramos de aquel a quien todas aman?

Puede ser el chico popular de la escuela, el playboy del instituto o incluso del trabajo…  y puede que tengamos muy en claro que no es ningun príncipe, a penas y llega a Noble pero por alguna u otra razón no podemos evitar que nuestro corazón martillee aceleradamente cual despertador ante su encuentro.


Y si, jamás de los jamases lo admitiríamos, pero retorcemos lapiceras cuando le sonríe a otras, incluso lo miramos con fingida indiferencia cuando habla de sus conquistas, aunque por dentro, por dentro tenemos un volcán a punto de erupción.


Aún así, puede que un día él se de cuenta de la secreta anomalía romántica que sentimos por él y llámenle destino, suerte o simplemente suceso pero …
¡¡ÉL NOS CORRESPONDE!!

¿Cómo es posible eso?

¿Es que acaso no se dio cuenta de que somos de todo menos modelos, a veces torpes, otras veces demasiado ruidosas, o incluso demasiado…comunes?

Pero él nos sonríe, nos devuelve un beso o incluso nos toma de la mano y no podemos evitar preguntarnos:
¿Por qué YO? ¿Qué tengo yo de especial para él?

¿Es que acaso vimos demasiadas películas romanticas? Acaso se cansó de slair con modelos de cabello lacio y perfecto?
¿O simplemente somos un trozo de realidad necesaria para su vida de estrella no tan anónima?

Muchas veces seriamos capaces de arruinar cualquier salida romántica y tartamudear esas palabras, que indican que solo somos una simple mortal que intenta conquistar a un dios… y es muy probable que él se nos quede mirando raro pero es producto de nuestra naturaleza insegura, a idealizadora.
 ¿Por qué idealizamos tanto?

¿Por qué cuando lo hacemos tan grande nos volvemos inevitablemente tan pequeñas?

lunes, 9 de julio de 2012

Rupturas I


¿Cómo nos sobreponemos a una ruptura?
¿En qué momento el corazón nos envía el telegrama de que ya expiraron nuestras penas?

Después de un tiempo en el que decidimos salir del a cama, limpiarnos el rostro y salir a la calle.
Después de decidir que no era el indicado, después incluso de haber derramado más lagrimas de las que seriamos capaces de admitir…

Y bien, posiblemente salgamos a la calle, volvamos a la rutina y posiblemente en algún momento nos asalte la pena, esa tristeza tan reflexiva como visible. ¿Y ahora qué?

¿Cuándo termina el duelo?

¿Es cierto que un clavo saca otro clavo y sólo debemos esperar a conocer a un nuevo amor que haga volver a latir nuestro machacado corazón?

No creo que necesitemos reacomodar nuestros sentimientos en una nueva persona para poder estabilizarnos, pero tampoco es cierto que con la ruptura él se lleve consigo los sentimientos que teníamos de él.
Tampoco podemos vivir ancladas a sus recuerdos naufragando muchas veces en el dolor.

Y si lo intentamos, reprimimos cuanta imagen bonita tengamos de él nunca parece posible cerrarlo del todo y queda como aquellas valijas de vacaciones en las que debes sentarte encima para poder subir el cierre… aunque a último momento encontremos que no hemos guardado lo más importante.

Su sonrisa, esa palabra que usaba al referirse a nosotras, sus ojos en nosotras cuando no lo estábamos mirando.

¿Entonces? ¿Lloramos hasta que nos escuezan los ojos? Engordamos doce kilos con helado y la temporada completa de Erase una vez nosotros?



Claro que en las películas todo es más fácil, casi siempre nadie pierde y si lo hace no vive lo suficiente para sufrirlo.

Al fin y al cabo Julieta se suicidó.

¿Cuándo es suficiente?
¿Puede hablarse entonces desde la cantidad?

Si sumamos el tiempo que pasamos juntos mas el amor que le profesábamos menos el motivo de la ruptura dividido por la fecha de nuestro aniversario…

¿Cuánto tiempo nos queda por sufrir?

¿Cuánto dolor es necesario? 

martes, 26 de junio de 2012

Patrones en las relaciones


¿Cuántas veces repetimos un patrón?

Después de cierto número de experiencias casi parece normal encontrar en ellas ciertas rasgos o características en común, y no, no somos precisamente nosotras lo único que los une.

Hablo de un entramado de relaciones, una especie de empapelado de parejas viejas, recicladas.

Nube –velero –ancla- nube –velero –ancla.

Músico –pintor –idiota –músico –pintor –idiota.


Y si es cierto, y si de verdad vamos por la vida viviendo y reviviendo relaciones del pasado, ¿Cómo es posible que luego nos quejemos de que todos son iguales?

Nos hacemos llamar selectivas, pero estamos siendo discriminativas.


Quizás, no elijamos de manera deliberada, quizás tres meses después nos demos cuenta que una palabra, un comentario o su profesión es exactamente igual al de nuestro ex y es en ese momento en el que deberíamos tener la suficiente entereza para no huir.

¿Por qué repetir?


¿Acaso estamos intentando subsanar los errores del pasado, los dolores viejos, intentando darles a ellos un nuevo final? 

 ¿Es en la repetición, en la segunda oportunidad inconsciente donde creemos que nos saldrá bien?

 O simplemente queremos aprender, repitiendo de memoria, alguna vez será la última.

¿Cómo se cambia un patrón? ¿Cómo elegimos sin elegir?

No puedo evitar preguntarme.... ¿Por qué seguir intentando?

martes, 6 de marzo de 2012

El Complejo de la Bella y la Bestia.

Algo que venía planteando en columnas anteriores, tales como Cuando no quieras sentir o en Histeria parte I, es parte de un fenómeno femenino del cual desconozco si Freud teorizó al respecto, pero al cual yo misma me animo a llamar “El Complejo de la Bella y la Bestia”. 

Tal parece que Disney nos ha hecho mucho más daño del que pensamos, o quizás simplemente tenga q ver con algo edipico, retroalimentado por diferentes historias ya nombradas como Dr. House, Twilight, y Mr. Big.
¿De qué estamos hablando?


Una definición aproximada podría ser la siguiente: El delirio femenino para con los hombres medio bestias, medio humanos de los que caemos torpemente enamoradas. Pero no termina ahí, está esa estúpida idea que nos creemos, de que una es la que puede salvarlos, curarlos o convertirlos en príncipes.  O el más peligroso del delirium Bella, la creencia ¡Injustificada! de que tienen un lado dulce que sólo nosotras podremos sacar a relucir. 
Créanme, es más común de lo que piensan.

No quiero ir a casos extremos, por los dioses que no hablo de mujeres maltratadas o golpeadas.

Hablo de algo un poco más light, un romance de novela donde la bestia en cuestión es bestia por el simple hecho de tener un trato hosco, carecer de expresiones emocionales, o alguien quien en su vida ha sufrido mucho.

Como abordamos anteriormente en Cuando no quieras sentir, un chaleco antibalas atraviesa el corazón de nuestra bestia en cuestión y puf, alguna hormona producto de nuestra feminidad hace que tengamos el impresionante deseo de protegerlos, como un instinto maternal retorcido que lacera nuestra alma.

Me pregunto ¿Tendrá relación con el hecho de sentirnos únicas?
Sí él nos elije, si él es medianamente bueno solo con nosotras y sus impulsos agresivos son solo canalizados en la mejor de las pasiones humanas, nosotras nos transformaríamos en su princesa, la única que ha podido domarlo, su tua cantante, su talón de Aquiles.

Ahora bien, como todo complejo debería sepultarse, caer bajo la barrera de represión y dejarnos virar hacia otro objeto de amor. ¿Esto sucede a menudo? No siempre

No siempre podemos salir a tiempo de esas relaciones, no siempre tenemos la entereza suficiente para admitir que no somos las elegidas y como tal, él seguirá su rumbo y nosotras el nuestro.
Quizás, algún día alguien si pueda con él, pueda hacerlo feliz y quizás, nosotras no éramos las indicadas.

Pero ¿Cómo admitirlo?
¿Cómo no temer rendirnos si realmente creemos que vamos en la dirección correcta? Sí una palabra, una mirada, un gesto hace que nos replanteásemos seguir intentándolo…
Y además es muy probable que no podamos dejarlo ir al primer intento
Puede que volvamos a tropezar con ese cordón desatado, puede que las recaídas sean fatales como llamadas, mensajes y conversaciones por chat…

… ¿Cuándo será el día, en que despertemos de nuestro letargo, dejemos atrás ese sueño y nos demos cuenta que existen otras historias de amor?

viernes, 3 de febrero de 2012

El tabú del Romance

En la actualidad, las historias de amor son cursis o trilladas para el vox populi. Un final feliz es una comidilla de Hollywood, y el amor, es solo para los poetas, los cuales por cierto, parecen seres inmortales al mejor estilo ángeles, donde nadie en su vida los ha visto pero ha oído hablar de ellos en más de una ocasión.
En las mujeres, funciona como un repelente para los hombres el hablar de romance, al menos en algunos cuantos, y cuando se menciona la palabra “peluche gigante, o canción” huyen despavoridos cual si tuvieses gripe A.
Entonces claro, nuestra impresionante genética femenina para la supervivencia de nuestra especie (o le deseo de conquistar), hace que neguemos el romance
¿Es que acaso nos hace más modernas, más accesibles, o más maduras?

“ja, mira el mensaje que me mandó, no puedo creer que me diga estas cosas”….
“Me dedicó un poema… está loco”

Mierda.
 
O sea ¿qué? ¿No a las velas y si al Mc donals? Quizás es demasiado simplista, quizás los extremos siempre sean malos.

No digo que no podamos considerar romántico que en medio de un pogo recitalero nuestro romeo aparté de nosotros al chico sudoroso que nos golpea con su mosh. No, eso sigue siendo romántico.

Lo negativo es cuando negamos el romance cuando lo sentimos latir en las venas, como la sangre acumulada debajo de un moretón.

Además, y si sos joven, es aun menos probable que para los demás estés enamorada. Sí tenes doce años y publicas en tu Facebook cuanto amor le profesas a “esa persona especial” los comentarios negativos atormentaran tus notificaciones y todos culminaran en “Eres muy joven para sentir amor”.

Pues les recuerdo entonces, que Julieta aun no había cumplido las catorce primaveras.

¿Entonces qué? ¿El amor es cosa de los románticos –en peligro de extinción- y los escépticos han dominado el mundo?
¿Es necesario viajar a Verona o a Siena para encontrar el amor? ¿No se puede acaso conocer a un romeo en la parada del colectivo?

¿Por qué nos obligamos a no sentir?