jueves, 30 de junio de 2011

Histeria parte I

Dicen que lo que se gana con sacrificio se disfruta mas, y visto y considerando cierto tipo de relaciones, histeriqueos, o como quieran llamarles, cualquiera podría pensar que ese premio va a ser el mas disfrutado de la historia.

No es un hecho precisamente nuevo lo que para muchos hombres es “Damisela en apuros” (por cierto, arma infalible a la hora de una conquista) para las mujeres sea “El chico malo”

No malo en el sentido de Psicótico, malo como esa extraña combinación entre James Stark para "La casa de la noche" , una versión mas heavy como Heathcliff en "Cumbres Borrascosas.; Mr. Big para "Sex and the city", y quizás el mejor  y  el más amado por todas: Dr. House.



“¿Quién compartirá su dolor más profundo? Sin Importar lo que piensa” Canta Balbis y nunca sentí tanta adhesión para con su letra como en estos momentos.

Lo curioso es cuando el altruismo afecta todas las ramificaciones neuronales que intervienen en esta historia en cuestión.  Y es ahí cuando te preguntas si alguna vez podrá ser feliz.
Feliz en serio, no conmigo. ¿Está mal desearle la felicidad a una persona? No precisamente. ¿A costa de qué?

Nadie dijo que fuera tarea fácil, especialmente cuando hay un corazón involucrado de por medio.
Además, así como hay diferentes tipos de personalidades, hay diferentes grados de masoquismo, y muchos incluso afirman que “no hay que darle bola” a ese tipo de persona tan complicada.

Bueno, dado que nunca fuimos del tipo de gente que se rendía tan fácilmente nos pusimos las antiparras y sumergimos en ese extraño mar de almas que han intentado conquistarlo.
Obvio que hay muchos que se quedan en el camino, algunos incluso ni siquiera han salido del bote.

Pero ¿Lo hacemos realmente por el premio? ¿A qué meta hay que llegar?

No todas buscamos curarlo, no todas buscamos (no mucho) entenderlo, Solo buscamos quererlo.
El cosquilleo en las mejillas propio del sonrojo cuando nos mira directamente.
Y la satisfacción inmensurable de verlo sonreír.

Quizás nunca lo podamos entender, quizás sea ese su encanto.
Quizás no resistamos lo suficiente y al bote se lo lleva el diablo, y duela,
Duela como pegarte de lleno contra una escollera.

¿Cuánto placer hay en ese dolor?
Al fin y al cabo Sos el rey de la indiferencia… 

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