martes, 22 de octubre de 2013

Prohibidos Parte II: El Mito.

Conocemos el mito de la creación.
Sabemos la prueba que le fue requerida por Dios a Adán y Eva, y esa, era la de renunciar al fruto del árbol prohibido.
Entonces para probar su fidelidad y obediencia, se les  impuso la restricción. Y como no puede ser de otra
manera, lo prohibido se vuelve tentador.

Hemos tratado en una columna anterior el concepto de amores prohibidos, y la manera de reaccionar ante ellos, así como también, el efecto toxico que nos hace tan adictos a él.

Hoy en día, no tenemos muy en claro el concepto de prohibición y es que en la actualidad, hay más que arboles vedados.
Si bien no respondemos ante un Dios, al estar en una relación  hay ciertos mandamientos que uno debe cumplir, y el principal que le da fuerza a la monogamia es precisamente el concepto de Fidelidad.

¿Qué implica ser fieles en la actualidad?

Por supuesto que ahora no andamos medio desnudos por el Jardín del Edén, pero todos los días nos cruzamos con tentaciones que harían sucumbir a Eva de nuevo.

En cada pareja se pacta un contrato único y singular para esas dos personas y a veces incluso implica a otras (no hablar mal de, no estar con el amigo de, no hablar con determinadas personas…)  Esos mandamientos que aprendimos a rajatabla desde el comienzo de la relación, donde el deseo y el amor estaban tan encadenados tiempo después pueden empezar a nublarse.

Y es que el límite entre el bien y el mal está poco definido.

¿Cuántos delitos cometemos por chatear juguetonamente con otra persona?
¿Nos resta puntos en nuestra futura licencia de matrimonio?



Recuerdo la frase de Edward Cullen, quien si bien había renunciado al pecado de tomar la sangre de Bella afirmaba lo mas campante “Que haya renunciado a beber el vino no significa que no pueda apreciar el buque”


Pues bien, para la biblia al menos, hasta con el pensamiento es puede ser infiel.

Pero… ¿no es acaso con el fruto prohibido mediante el cual adquirimos el conocimiento?
Según  Génesis, una vez que probaron el fruto fue que pudieron discernir entre el bien y el mal.
Entre lo que se debe y lo que no se debe hacer.

Si para saber que está mal debemos probarlo primero, nos tragaríamos con la manzana el miedo a disfrutarlo. Y puede que en el peor de los casos,  terminemos mordiéndola y que su jugo tan censurable nos agrade incluso más.

Ante una prohibición, ¿Qué lo hace atractivo?

"Bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y realmente un árbol codiciable para alcanzar la sabiduría"

¿Lo consideramos atractivo sólo por qué está restringido? ¿O sólo nos da curiosidad probar aquello para alcanzar una supuesta sabiduría? 

Entre el cielo y el infierno, ¿Cuál es la decisión correcta?




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