lunes, 23 de diciembre de 2013

Raíces y Asfalto.

Dicen que del polvo venimos y hacia el polvo vamos.

Dicen que tenemos raíces que nos anudan a la tierra en la que nacimos, a los afectos con los que crecimos, a los amigos que elegimos.




A diferencia de los arboles, para crear raíces no es necesario que pase mucho tiempo.

Basta con que se forme un buen vinculo, una relación, y así dure un mes, tres años, o toda la vida, creamos una base firme, la que nos sostiene ahí.

¿Cuáles son las raíces de nuestras relaciones?
¿Sobre las bases de qué tierras edificamos nuestros sentimientos?

Y a veces, a pesar de creer que con un poco de tierra, un simple riego semanal, y un poco de amor es suficiente, a veces, simplemente la planta no germina.

Las raíces sin embargo están escondidas.

Recuerdo siempre esa canción de Carajo, donde Marcelo entona tratando de sonar indignado: “Tratas de echar raíces sobre los adoquines, tristeza capital, baldeando la vereda” 

Y muchas veces, esta es la triste realidad. 
Tratamos de crear una relación donde sólo hay cemento, donde a pesar de escarbar, ni con la mejor pala, ni con las mejores de las sonrisas podemos lograr que ese bloque de cemento se mueva y nos permita ver detrás. 
Y nos consuela saber, que quizás bajo ese montón de pavimento, hay un poco de tierra fértil aún, que sólo necesita una semillita de cariño.



Algunas relaciones son diferentes,
puede que creamos que el pavimento nos raspa las plantas de los pies y que nunca vamos a encontrarlo, pero cada cierto espacio de calzada, y en algún huequito entre el asfalto, el smog y la ciudad encontramos un pequeño pulmón verde, que nos renueva las esperanzas y nos permite seguir respirando.


¿Qué se necesita para encontrarlo? ¿Es necesario cavar, o seguir caminando?


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