¿Cómo nos sobreponemos a una ruptura?
¿En qué momento el corazón nos envía el telegrama de que ya
expiraron nuestras penas?
Después de un tiempo en el que decidimos salir del a cama,
limpiarnos el rostro y salir a la calle.
Después de decidir que no era el indicado, después incluso
de haber derramado más lagrimas de las que seriamos capaces de admitir…
Y bien, posiblemente
salgamos a la calle, volvamos a la rutina y posiblemente en algún momento nos
asalte la pena, esa tristeza tan reflexiva como visible. ¿Y ahora qué?
¿Cuándo termina el duelo?
¿Es cierto que un clavo saca otro clavo y sólo debemos
esperar a conocer a un nuevo amor que haga volver a latir nuestro machacado
corazón?
No creo que necesitemos reacomodar nuestros sentimientos en
una nueva persona para poder estabilizarnos, pero tampoco es cierto que con la
ruptura él se lleve consigo los sentimientos que teníamos de él.
Tampoco podemos vivir ancladas a sus recuerdos naufragando
muchas veces en el dolor.
Y si lo intentamos, reprimimos cuanta imagen bonita tengamos
de él nunca parece posible cerrarlo del todo y queda como aquellas valijas de
vacaciones en las que debes sentarte encima para poder subir el cierre… aunque
a último momento encontremos que no hemos guardado lo más importante.
Su sonrisa, esa
palabra que usaba al referirse a nosotras, sus ojos en nosotras cuando no lo estábamos
mirando.
¿Entonces? ¿Lloramos hasta que nos escuezan los ojos?
Engordamos doce kilos con helado y la temporada completa de Erase una vez
nosotros?
Claro que en las películas todo es más fácil, casi siempre
nadie pierde y si lo hace no vive lo suficiente para sufrirlo.
Al fin y al cabo Julieta se suicidó.
¿Cuándo es suficiente?
¿Puede hablarse entonces desde la cantidad?
Si sumamos el tiempo que pasamos juntos mas el amor que le
profesábamos menos el motivo de la ruptura dividido por la fecha de nuestro
aniversario…
¿Cuánto tiempo nos queda por sufrir?
¿Cuánto dolor es necesario?



No hay comentarios:
Publicar un comentario