lunes, 9 de julio de 2012

Rupturas I


¿Cómo nos sobreponemos a una ruptura?
¿En qué momento el corazón nos envía el telegrama de que ya expiraron nuestras penas?

Después de un tiempo en el que decidimos salir del a cama, limpiarnos el rostro y salir a la calle.
Después de decidir que no era el indicado, después incluso de haber derramado más lagrimas de las que seriamos capaces de admitir…

Y bien, posiblemente salgamos a la calle, volvamos a la rutina y posiblemente en algún momento nos asalte la pena, esa tristeza tan reflexiva como visible. ¿Y ahora qué?

¿Cuándo termina el duelo?

¿Es cierto que un clavo saca otro clavo y sólo debemos esperar a conocer a un nuevo amor que haga volver a latir nuestro machacado corazón?

No creo que necesitemos reacomodar nuestros sentimientos en una nueva persona para poder estabilizarnos, pero tampoco es cierto que con la ruptura él se lleve consigo los sentimientos que teníamos de él.
Tampoco podemos vivir ancladas a sus recuerdos naufragando muchas veces en el dolor.

Y si lo intentamos, reprimimos cuanta imagen bonita tengamos de él nunca parece posible cerrarlo del todo y queda como aquellas valijas de vacaciones en las que debes sentarte encima para poder subir el cierre… aunque a último momento encontremos que no hemos guardado lo más importante.

Su sonrisa, esa palabra que usaba al referirse a nosotras, sus ojos en nosotras cuando no lo estábamos mirando.

¿Entonces? ¿Lloramos hasta que nos escuezan los ojos? Engordamos doce kilos con helado y la temporada completa de Erase una vez nosotros?



Claro que en las películas todo es más fácil, casi siempre nadie pierde y si lo hace no vive lo suficiente para sufrirlo.

Al fin y al cabo Julieta se suicidó.

¿Cuándo es suficiente?
¿Puede hablarse entonces desde la cantidad?

Si sumamos el tiempo que pasamos juntos mas el amor que le profesábamos menos el motivo de la ruptura dividido por la fecha de nuestro aniversario…

¿Cuánto tiempo nos queda por sufrir?

¿Cuánto dolor es necesario? 

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